Para IKEA, era injusto que solo aquellas personas que tuviesen una casa con jardín pudieran convertir las cáscaras de plátano y los posos de café en tierra vegetal. Un catedrático sueco estudió maneras de hacer compostaje en interiores, por ejemplo, en un sofá banco de cocina. Cuando IKEA vio el prototipo que había hecho el catedrático de un sofá con solución de compostaje incorporada, surgió la idea del sofá de mantillo RENO.
Un fiasco maloliente
El sofá de mantillo para compostar en casa
A finales de los años ochenta, el movimiento ecologista estaba realmente despegando y cada vez eran más las personas que hacían compostaje con sus residuos en el jardín de sus hogares. Pero casi nadie había probado nunca a hacer compostaje en interiores, e IKEA quería cambiar eso.
Lanzamiento entusiasta
En 1994 se presentó el sofá de mantillo RENO, una idea ecológica para que las familias que vivían en apartamentos pudieran hacer compostaje en interiores. El entusiasta texto del catálogo afirmaba que «con los equipos adecuados, clasificar los residuos es muy sencillo, algo crucial si quieres que se reciclen».
La serie RENO también incluía contenedores de basura de diferentes tamaños con tapa, así como soportes para bolsas de basura. ¡Pero el sofá de madera clara era la joya de la corona! Debajo del asiento había cajas para compostar material orgánico. Utilizando lombrices de compost, el orgulloso propietario de RENO podía conseguir una tierra de siembra perfecta al cabo de tan solo tres semanas.
A cada poco había que darle la vuelta y espolvorear tierra por encima.
Una idea podrida
Además del olor a podredumbre en la cocina, el sofá de mantillo también requería demasiada atención. Dedicar tiempo y energía al medio ambiente era una idea bastante novedosa en la década de los 90. Ya era bastante latoso tener que llevar periódicos y guías telefónicas hasta la planta de reciclaje, así que también tener que hurgar entre los residuos era algo que a las personas les resultaba bastante desagradable.
En el sofá, había que romper periódicos y cajas de huevos para que absorbieran la humedad de los restos de comida. A cada poco había que darle la vuelta y espolvorear tierra por encima. Cuando la familia tenía por fin un buen montón de compost en el banco de la cocina, llegaba el momento de añadir las lombrices.
RENO se convirtió en un fiasco maloliente, pero la idea era buena. Como siempre, IKEA aprendió de sus errores y no se rindió. A medida que crecía el interés por las cuestiones ecológicas y mejoraban los sistemas de gestión de los residuos, los desarrolladores de productos continuaron trabajando en nuevas ideas.
En la actualidad, IKEA cuenta con un amplio surtido de productos que ayudan a la mayoría de las personas a clasificar los residuos de sus pisos, pero la tarea del compostaje se deja en manos del ayuntamiento. En última instancia, el sofá de mantillo estuvo muy adelantado a su tiempo.